Lo que usted no sabe, señor taxista, es que está recorriendo mi vida.

Enfilamos Luchana. Ahí en el número 11 conocí el sexo. Y el amor. Hace quince años, que se dice pronto. Un poco más atrás, donde alcé la mano para llamarle, conocí también el alcohol, gracias a los orgasmos de monja y a los mataosos. Y los porros, que nunca fueron de mi agrado. Pero siga avanzando, se abre el semáforo.

En Alonso Martínez, en esa misma acera a la que usted se pega empecinado, sufrí la amistad. Justo ahí me di cuenta de que nada es para siempre, en esa parada de autobús.

Llegamos a Juan Bravo, con su bulevar arbolado. En ese bar compré por primera vez una cajetilla de tabaco. Me costó 195 pesetas. Y en ese banco junto al que a usted le obligan a ceder el paso yo lo cedí todo. Todo. En esa época salía de casa con una moneda de 500 pesetas y una baraja. No pregunte.

Ahora llegamos a la confluencia con Príncipe de Vergara y desde aquí se ve el número 60. Ahí viví yo. En el restaurante de al lado, La Mesta, celebré mi ingreso en la facultad. Pedí algo con patatas paja, qué hallazgo. Tengo una memoria prodigiosa para la comida pero no recuerdo nunca las palabras. En la farmacia contigua compré mi primer fármaco sin permiso materno. Ya sabe, la típica madre contraria a los medicamentos… En ese portal esperé, me hice esperar. Ahí llegué derrotada, abatida, triunfal, pero siempre inocente. Como usted ahora mismo. Si usted supiera.

¿Ve el Crisol? Ha cerrado. Ahí me firmó un autógrafo el mismo Sting. Tuve que comprarme su libro y guardar horas de cola yo sola. Tenía doce años. Era de algo de la Amazonía, salía un tío con un plato en el labio y mi madre y yo todavía tenemos la coña… enfrente está el Far West, también de obras. Como mi cuerpo. Como mis piernas.

En este bulevar aprendí a montar en bici, se me salió la rodilla, llevé tacones, se me apareció un exhibicionista. Me dan ganas de besar cada adoquín, cada farola, cada árbol. Y deseo con todo mi ser que desaparezca.

Empieza Francisco Silvela. Si usted supiera, señor taxista, que cada mañana yo hacía este camino para ir al colegio. Cogía el 56. Ahora tiene otra ruta. Eran otros tiempos. No había tanta gente. Llevaba dos mochilas en días impares.

Entramos en Béjar. El número 26. Si usted supiera, señor taxista, que aquí he sido más feliz que nunca en mi vida. Si usted supiera que este invierno entero lo he visto sólo por la ventana. Como si no hubiera pasado.

€8,70. Quédese el cambio.

El perfume.

May 3, 2009

Hace un año, cuando fui a Londres, cumplí con un ritual sagrado para mí que es acudir a la tienda de Crabtree & Evelyn de Covent Garden.

Cuando cruzas el umbral de esta perfumería que os digo, aspiras el olor de dios. Es el sitio perfecto. Limpio, maravilloso, bonito. Lleno de free samples. Lleno de chicas majísimas que no te agobian sino que te AYUDAN a buscar y decidir, a probar y a acumular frasquitos preciosos en lindas cestitas que tienes que llenar (si no, mueres).

El caso es que tengo mis favoritos, pero siempre me gusta experimentar. El año pasado me volví con esto:

Me volví con esto entre otras cosas, claro, ejem… Huele a limón, a flores, a campo, es fantástico y sinceramente, estaba muy bien de precio.

El caso es que cuando me operaron me lo llevé al hospital. Mi madre me lo echaba constantemente para que me sintiera mejor porque mi madre todo lo arregla echándole colonia: los mosquitos, la tristeza, el olor a fritanga, el mareo… todo. Me ponía un poquito en un kleenex y lo dejaba en mi almohada. A mí me dio miedo de repente. ¿Y si lo empezaba a asociar a todo aquello? ¿A las curas, a las jeringuillas, al suero, al linóleo, al calor asfixiante, al olor a… a hospital?

Lo que hice fue no dejar de usarlo. Y lo sigo teniendo asociado a Covent Garden porque el recuerdo del hospital lo uso tan poco que se va borrando. Y todavía me queda un poquito así que intentaré dosificarme para que me dure hasta que vuelva a Londres, o por lo menos hasta que se cumpla un año de la decisión de irme, de irnos, para que todo el invierno este se convierta en un paréntesis ignorable y podamos seguir con nuestros planes como si nada hubiera ocurrido.

V.

el miedo y la muerte

April 22, 2009

La cama y la piscina son dos cosas que de siempre me han encantado. Pero anoche con el insomnio y hoy en la piscina con mis gafas nuevas que me permiten verlo todo en plan peli de Lars Von Trier, ver los cuerpos avanzando por la superficie, las patadas, la espuma, el silencio acuático de burbujas, me he dado cuenta de que quedarse dormido y tirarse al agua son dos formas de lanzarse a lo desconocido, a algo muy parecido a la muerte, algo que acaba en muerte muchas veces. Dormir ocho horas es como estar muerto ocho horas, porque es no estar, y nadar no es más que el pataleo denodado por no hundirse, porque si te hundes, te mueres. Y allí está la piscina olímpica enorme, gigantesca, como unas fauces abiertas sobre las que nadamos nosotros, inconscientes, en una imagen que me recuerda a la del hipopótamo abriendo la bocota para que los pajaritos le hagan una limpieza bucal….

Ayer había una señora con su amiga aprendiendo a nadar, y me pareció de las cosas más tiernas que he visto en mi vida… la pobre se metió por donde cubre menos (1,80 m), con un flotador especial, y empezó a patear y a dar brazadas, y fue avanzando poco a poco con un valor que me pareció admirable totalmente. Además, estaba de risas con su amiga, tampoco tenía pose heroica, pero me resultó impresionante porque estaba a dos tiras de velcro de irse al fondo, y sin embargo, lo estaba intentando, a pesar de estar gorda, de ser vieja, de todo, allí estaba, con su colega, de risas, molestando a los pringados de piscina que van a allí en plan Michael Phelps a ver quién se hace más largos, como si a alguien le importara. Total, dentro de nada estarán muertos y de lo que menos se acordará nadie será de los largos que se hacían. Lo que sí recordarán fue que aquella señora aprendió a nadar pasados los cincuenta: eso sí queda.

Perdona?

April 21, 2009

Como últimamente recibo señales de que la gente piensa que yo me paso la vida mano sobre mano, voy a hacer una breve recopilación de lo que he hecho en lo que va de semana. Y estamos a martes.

- Fotocopiar dni

- Fotocopiar título licenciatura

- Hacer transferencias bancarias

- Pagar curso

- Ir a Moncloa a matricularme del curso

- Ir al médico traumatólogo

- Visitar a mi ex rehabilitadora

- Hacer macarrones boloñesa

- Fregar

- Traducir un artículo sobre los mejores 30 alimentos para la bajona

- Ver las noticias

- Hacer una reseña de un libro (Good Omens)

- Irme a la piscina a nadar media hora

- Ver Fama

- Llamar a mi madre

- Ver dos capítulos de BsG

- Comentarlos por mail con BPG

- Intercambiar mails con amigos, clientes, y familiares

- Ver dos capítulos de In Treatment

- Hacer la cena: verduritas salteadas y sopa de calabaza

- Traducir un artículo de cuatro páginas sobre los chequeos médicos

- Hacer un risotto de espárragos y gambas

- Quedar con mi profe de doctorado para repasar mis avances

- Leer mi blog routine diaria

- Leerme cuatro capítulos del libro de Jasper

- Padecer insomnio

- Planificar mi Noche de los Libros

- Hacer un escrito para la Junta del Distrito de Salamanca para recurrir multas

- Llamar a los de la beca a ver si me hacen caso

- Recoger la casa

- Quedar para cenar hoy con Em.

Al próximo que me diga que cuánto tiempo libre tengo, y que no salgo de casa, le remitiré educadamente a este post y me cagaré en sus muelas. Con amor.

De repente todo me sabe a infancia. Me sabe a merendar un bocata chocolate en plato de plástico rojo, me sabe a sintonías publicitarias que casi puedo mascar, de anuncios de detergentes que ya ni existen, como el CIF (ya no existe, no?), me sabe a linóleo, a tres mochilas en la puerta, la de natación, la de gimnasia y la del cole, a cuando no había internet ni la iba a haber, porque soñábamos con coches que volaban (que ya tardan) y con intercomunicadores, y con rayos teletransportadores, pero nunca con internet, y mira lo bien que nos ha venido, y no sé si todo esto es porque estoy sola en casa, porque he vuelto a nadar, porque es semana santa y yo siempre me pongo megatierna (la navidad, sin embargo, me china, vaya por dios), y me acuerdo de mi abuela, de la esperanza macarena, de las torrijas, del autobús número 14, de mis tías abuelas, de la sensación maravillosa de que NO hubiera cole, a lo mejor también se debe a que no tengo trabajo y de momento me preocupa sólo a picos, picos de estrés que me suelen dar cuando no puedo hacer nada al respecto, como a las dos de la mañana, cuando ya es demasiado tarde para ponerme a mandar cvs o para tomarme un lorazepam, porque si me lo tomo tan tarde luego me despierto a las dos de la tarde y el día se convierte en algo todavía más corto, más informe y más idiota, así que paso, prefiero hacerme la dormida cuando llega el monstruo del estrés, pero aunque dormir sola tiene sus ventajas (monopolio de almohadas, ocupación diagonal del territorio, nadie te destapa), lo cierto es que yo sola, a horas, soy todavía más pequeña, y me cuesta un mundo escalar mi propia angustia, que es siempre un centímetro demasiado alta para mis reservas de oxígeno emocional.

En fin, que a veces me levanto y mientras remuevo el té o me acabo el zumo, miro por la ventana y no veo una pared blanca, como en matrix, sino copas de árboles, nubes y claros, la aguja de una iglesia centenaria y el Millenium Dome a lo lejos.

V.

February 21, 2009

Ayer fue un día guay (NOT). En rehabilitación me dijeron que mi problema no es la rodilla, y que si no ando es culpa mía (también es culpa mía la contractura que tengo en el hombro y el conflicto árabe-israelí, por lo visto), así que lo que realmente necesito es: ir al psicólogo.

Todo esto porque todavía no puedo apoyar la rodilla. Cuando se frustran, me echan a mí la culpa. Para cierta gente, buscar un culpable significa que pueden soltar el boli y largarse a tomar algo. A mí, sinceramente, me la suda. Me parece que no arregla absolutamente nada. Yo lo que quiero es que alguien se responsabilice, en lugar de largarle el muerto a otro (yo), y me escuche cuando hablo. Tengo el vasto interno y el cuádriceps a dos días de pesas de poder aguantar mi peso (que no es poco), pero todavía no puedo. No me da miedo “el espacio”: me da miedo caerme, cojones. Y no me comparen con un niño pequeño que está aprendiendo a andar: para empezar ellos no suelen estar recién operados, y además, son de goma y están más cerca del suelo.

En fin, el caso es que todo eso sumado al dolor del hombro, de espalda, de muela y de asuntos internos (ser mujer es genial), ayer fue un día súper guay. Me vinieron a decir que, o saco tiempo de donde NO lo hay para ir a un profesional de la psicología, o no andaré jamás. Me vinieron a decir que no se creen que no me aguante la pierna. Todo ello porque yo nunca me llevo al límite de que se me doble, más que nada porque no me da la gana caerme, porque caerse no es grato. No mola. “Pero venga, lánzate, tírate, qué más da, si te caes, pues te levantas”… ya… no, no me acaba de convencer el argumento.

Entonces, ¿qué hago? ¿Cómo enfrentarme a otras tres semanas de sonreír, asentir y decir “sí, sí, sí” a la cantidad ingente de estupideces que tengo que oír cada mañana? El otro día fue la leche. Llegó una fisio que va de hippy… uf, no tengo palabras para describirla, es lo peor. El caso es que se me pone al lado mientras yo intentaba avanzar con el andador en plan Nacido el 4 de julio e inicia una sarta de improperios “de coña”, porque a veces el mejor método “es picarles” (les encanta hablar de nosotros los pacientes como si no estuviéramos). Yo no pude evitarlo: le dije que a veces ese método no funcionaba, que por ejemplo a mí me resbalaba. Me preguntó por qué y le respondí que por la sencilla razón de que no tengo ocho años.

Y todo así. Allí da igual que tengas ocho carreras o que hayas descubierto la penicilina o que tengas una edad respetable: te tratan invariablemente de tú y como si fueras imbécil de baba. Tienen el típico comportamiento neurótico de la gente que trabaja con pacientes durante años, y ya han perdido la noción de los buenos modales, del respeto, e incluso en ocasiones de la lógica. Yo me desespero. Tengo unas ganas horribles de andar para salir de ese sitio y no volver más…

Cada minuto del sábado y del domingo me sabe a néctar de los dioses y vale lo que el oro puro.

Por otro lado, yo me veo milimétricamente mejor. Ya puedo ir apoyando, y en la rampa ando casi sola, sin apoyarme en las barandillas. Siempre me encantó  ir cuesta arriba… así soy.

Me voy a traducir mi libro y a prepararme para la reunión con mis compañeros del cole… ayer me trajo mi madre fotos que llevaba veinte años sin ver, porque eran los descartes de los álbumes oficiales que llevan todo ese tiempo en la estantería, y flipé. Me dio incluso un poco de nostalgia de la infancia… con lo que yo he sido!

V.

Eso es así

February 18, 2009

En esta república bananera de país no queda ni rastro de buenos modales. Los médicos son chamanes intocables, sacerdotes de otra casta que pueden hacer contigo lo que les dé la gana, enseñarte por ahí, tocarte donde no hace falta, soltarte diagnósticos innecesarios y ERRÓNEOS, reírse de tus defectos, empeñarse en que si estás enfermo es porque quieres y tratarte como si fueras un paleto que acaba de llegar del pueblo con la gallina bajo el brazo y la maleta de cartón atada con una cuerda de esparto.

En esta mierda de país todo el mundo pone condiciones menos los que tenemos el verdadero poder, que somos ni más ni menos, los que trabajamos y pagamos las cosas. El resto, ni flores. Los curritos, además de putas, ponemos la cama. El fontanero vendrá a la hora que le dé la gana, si es que viene, el cartero no piensa traerte ese librito de amazon porque no le sale de los cojones llevar paquetes aunque sea su puto trabajo, y el médico no piensa tratarte de usted porque es un semidios y tú, so mierda, no eres más que el mortal que pagas impuestos para que todo el mundo tenga de todo.

Si te toma el pelo Iberdrola o tu proveedor de internet, tú tienes que pagar: luego ya hablaremos de reclamaciones, burocracia, trámites, papeleos, abogados, miles de llamadas a 905, y si eso igual recuperas el 45% de tu pasta, repito, de TU pasta, si es que alguien amanece con un buen día y te concede la gracia de darte lo que te pertenece. Si se lía parda en la autopista que has pagado con tus impuestos, y llegas tarde a currar, a medicarte, a tu boda o a lo que sea, te cobran el peaje (!!!) porque ESO ES ASÍ.

En este país, todo se arregla encogiéndose de hombros y respondiendo “Es que eso es así”, como si todo fuera inamovible. Los jueces van a la huelga para recordarnos a todos, al gobierno y a los que les pagamos el sueldo que ellos son intocables porque al fascista del Tirado le tocaron los cojones con el caso Mari Luz y no pasa nada. Eso es así.

Para quejarse, la gente pierde el culo. Para la queja pesada, claro, la que es totalmente inefectiva y sólo sirve para calentarle la oreja al de al lado. A la hora de contratar a un abogado, de llamar al servicio de reclamaciones, de plantar cara al sistema, nadie se levanta de la silla. Y así sigue este país monstruoso, avanzando mal, andando mal, como yo, que ando fatal y ya me lo han dicho todos, los médicos, los que no son médicos y su puta madre, porque ahora resulta que los diagnósticos son gratis, como la mala educación.

Pero a joderse tocan, porque eso es así. Qué ganas de perderte de vista, país.

La negación del superlativo.

February 16, 2009

Hoy en el capítulo 215 de “Putadas” vamos a ver una de las razones por las que me tendría que haber depilado el sábado: el taping.

El taping es una técnica superguay que consiste en poner esparadrapo en  la piel de la gente, sobre todo donde tengan más pelos, para no sé qué técnica muscular.

Yo ahora mismo llevo algo así:

kinesio-taping-rodilla-11

Obviamente, mi pierna no está ni tan musculada, ni tan depilada ni mucho menos. Es como un gremlin loco con un montón de esparadrapo negro en forma de eso que veis en la foto. El agujerito que dejaron en la rodilla sirve para que asome mi preciosa cicatriz. Vamos: IDEAL.

El caso es que me lo han puesto esta mañana. Todavía ni siquiera me lo han quitado, pero al colocármelo han tenido que rectificar la trayectoria del esparadrapo y despegarme medio centímetro: he visto a dios. He pegado tal aullido que han flipado todos, pensando que me habían desencajado mis bonitos tornillos o algo. No, no. Era por los PELOS. Y es que la rosa mosqueta, además de hacer desaparecer mi cicatriz prácticamente, ha tenido un efecto secundario: los alrededores de mi rodilla son más propios de un plantígrado que de una princesita de la nube de fresa (yo).

El caso es que me lo tengo que dejar hasta que se me caiga: qué precisión científica, diréis vosotros. Pues sí. Así es esto de la rehabilitación. Un “No te digo trigo, por no llamarte rodrigo”.

Pero lo mejor de todo, lo mejor, mejor, mejor, ha sido cuando la fisio me ha tocado el hombro y me ha dicho “Note va a doler, si tienes una contractura”. Bieeen. Bien. Bu.

Y ahora, como cada invierno, la muela del juicio inferior izquierda ha decidido que es hora de asomar otro milímetro. Me duele hasta la garganta.

Así que desde aquí le pido a la persona o asociación o país que me esté haciendo vudú, que por favor pare. Me doy por aludida. No volveré a tomar el nombre de dios en vano/consumir productos contaminantes/dejarme la luz encendida nunca más. Mensaje captado. Basta. Basta!

Me voy a ver Dinosaurios y a ejercitar el isquiotibial, el vasto anterior, el cuádriceps y suputamadre un rato con los isométricos. Estoy toa Eva Nasarre. Y luego, pienso cenar benzodiazepinas. En ensalada.

V.

February 10, 2009

Esta es mi segunda semana de rehabilitación y hoy he experimentado lo que en inglés se denomina un major breakthrough, o un gran avance: en la categoría de paralelas, he conseguido realizar un desplazamiento bastante parecido al concepto de andar. Hasta mi fisio, que es un poco chunga, ha dicho que voy “mucho mejor”.

La movida de rehabilitar una luxación recidivante de rótula con condromalacia y su puta madre consiste en que yo me desplazo hasta allí en coche, entro en el hospital, me cambio en los vestuarios, me pongo pantalones cortos (unos de cuando mi madre jugaba al tenis, o sea, tienen más años que cualquier cantante de politonos), entro en la sala de rehabilitación, me tumbo en una camilla, me dan un “masaje” para despegarme la cicatriz del hueso y de las cabezas de los tornillos que llevo en el tendón rotuliano (ya ni me mareo, puedo describir esto y comer al mismo tiempo, incluso), me ponen electrodos para que mis músculos se asusten y se tensen, me dan “masajes” (lo entrecomillo todo el rato porque es que son más bien palizas) para estirarme la pierna, me ponen de pie, me hacen andar, me colocan sobre la pierna operada para que empiece a tener “sensación de apoyo” (además de aprender a andar, me voy a llevar un léxico ideal), me ponen en las paralelas para marcarme un Comaneci, me hacen subir por una pared, subir por unas escaleras, me quitan una muleta y me dan empujoncitos para que ande (esto es como cuando tu padre te quitaba las DOS ruedecitas de la bici de un día para el otro hasta que perdías tal cantida de piños que se daba cuenta de que tenía que quitarlas una a una), pero he de decir que a pesar de que he llorado, me he desesperado, me he muerto de la rabia, he perdido las ganas, he pensado que nunca volvería a andar, la verdad es que nunca he llegado a caerme. Y eso, ahora mismo, es lo único que me importa.

Eso, y buscar la forma de dar las gracias a P. Y encima ahora que se acerca su cumpleaños me vuelve a entrar el tembleque de siempre, con el añadido de que ahora no puedo coger el coche (o sí…) e irme al MediaMarkt a pillar inspiración. Aunque siempre me quedará eBay. Ahora mismo soy la orgullosa dueña de esto:

Set de 12 agujas de ganchillo

Set de 12 agujas de ganchillo

Me ha dado fortísimo con el ganchillo. Es lo más divertido que me ha pasado desde el tetris. Cuando aprendí a hacer punto también me dio fuerte, y ahora que tengo más ratos de ocio y que no fumo porque lo dejé totalmente hace dos meses, once días y dos horas, necesito Terapia Ocupacional a saco: lo cual me lleva al amigurumi, que es el arte de hacer muñecajos con ganchillo tan molones como estos:

gandalfete

Gandalfete: lo mejor es la tuniquilla de fieltro y los aditamentos de fimo.

lord

hell

Todos ellos sacados de este Flickr: http://www.flickr.com/photos/geekcentralstation, donde hay muchos más muñecos, todos ellos maravillosos. Igual le puedo regalar uno a P, pero como ahora mismo no tengo mucha maña, tendrá que ser facilito: un amigurumi de Robert Fripp o algo. O de Nils. De hecho, lo único que he hecho hasta ahora es esto:

dsc09544

De momento no sabemos muy bien qué es, pero le llamamos Señor Gambito y vive en el salón, alternando entre el sofá, la mesa y el suelo. Espero que cuando me lleguen mis nuevas agujas y pueda encargarle lana adecuada a mi madre, conseguiré aprender a hacer bolas con más consistencia.

Voy a seguir redactando mi trabajo de doctorado: este post era sólo una excusa y una manera de recordarme, cuando lo relea dentro de un año o de veinte, que el cirujano ha dicho que ha sido todo un éxito, que la fisio me ha dicho que mucho mejor y que he conseguido tener sensación de apoyo. Febrero de 2009: el mes en el que volví a aprender a andar.

V

La gala lamentable

February 2, 2009

Qué paletos. No podía dejar de pensarlo. Qué paletos somos. O son, porque casi que no voy a incluirme. Se me caía la cara de vergüenza anoche con las tonterías de la gala de los Goya. Cuando sacaron Bonilla haciendo de guía de una panda de turistas que se acercó a Benicio del Toro a hacerle fotos, casi me voy corriendo a pedir asilo a la embajada italiana, que es la que me pilla más cerca. El rostro del pobre Benicio era un poema: ni siquiera él podía aguantar tanta tensión provocada por la vergüenza ajena.

Penélope sosa, borde, con ganas de irse otra vez a LA a que se la tomen en serio y reivindicando la película mala de su amiga Goya Toledo. Paz Vega con ese aire de leyenda consumada que se cree ella, y esa pose absurdamente elevada, con su acento falso y su traje horroroso. Y esos tacones, estando embarazada, son de lo más desatinado.

Carmen Machi fue mejorando vestidos, pero el primero que sacó era como de morcilla-travesti-todoa100, con sus guantes y todo: me recordaba a Aída en esa escena en la que se lamenta de haber perdido un traje de fiesta y dice “¿Quién me devuelve ahora los diez eurazos que me costó?”.

La crisis estuvo presente en toda la gala, en boca de todos, como si el cine español no llevara años y años siendo malo. La gente no quiere verlo ni gratis. “Sólo quiero caminar” ni siquiera está en las redes P2P. El resto no pasa de 100, 200 seeders, si es que aparece. El problema no son los precios ni que la gente vea la tele, ni los toros, ni el fútbol, ni ninguna otra excusa mala: el problema es que las pelis son malas de aburrir, con temáticas coñonas y repetitivas (guerra civil ya no más, por dios: basta), con exactamente las tres mismas actrices una y otra vez, con la misma afectación de siempre.

Vergonzoso también lo de “The Dark Knight” nominada a mejor película europea (cómorl?), cosa que no le tenían que haber permitido a Chris Nolan por mucho que sea de mis pelis favoritas de este año.

Los cuatro gags de Muchachada Nui fueron desternillantes, totalmente ajenos al resto de la gala en calidad, sentido del humor y pertinencia, por mucho que ciertos actores los recibieran con caras largas y sin aplausos cuando hacían barridos del público al terminar los sketchs. Hay cada uno suelto…

Que “Camino” iba a ser la gran triunfadora lo sabía cualquiera que viera que después de la gala iban a echar “El milagro de P.Tinto”. ¿Casualidad? No lo creo. Fesser es un genio y me alegra que le premiaran.

Otro momento ridículo fueron los actores quejándose de las descargas. Qué manía. Qué tendrá que ver una cosa con la otra… “Señor ministro, protéjanos”, decía Lala Huete, Goya al Mejor Vestuario vía comunicado. Pero, ¿qué quieren? ¿Van a prohibir también que nos prestemos los DVDs? ¿O que los veamos en familia? ¿O con grupos de amigos? ¿Hasta qué punto? ¿Más de cinco ya computa para que la SGAE cobre entrada?

“Sangre de mayo” no se llevó nada más que los millones de euros que costó hacerla. Creo que Garci ni siquiera estaba. Normal.

Y en general hubo momentos aburridos, lentos y otros de tanta vergüenza ajena que una se encontraba mirando las plantas, contando las baldosas del suelo o calculando la carga de trabajo de la semana entrante. Carmen Machi defendió bien lo suyo, y yo soy muy fan, pero le quedaba un poco grande. Yo creo, además, que la gala la tendría que presentar un robot, dar los premios rapidito, enseñar los modelos, y todos a casita.

Cuánta desatinada hay entre las actrices españolas… qué manía con enseñar el esternón (la anorexia impide tener canalillo, sólo tienen un hueco enorme y horrible, como Belén Rueda). María Valverde estuvo especialmente horrorosa, con un vestido amarillo (vengaaaa…) y unos tacones con plataforma de color BLANCO.

En fin, que probablemente me pase otros diez años sin ver una gala de los Goya, pero ayer me pillaron tontorrona y me la tragué entera. Todavía no sé por qué.

V