Lo que usted no sabe, señor taxista, es que está recorriendo mi vida.

Enfilamos Luchana. Ahí en el número 11 conocí el sexo. Y el amor. Hace quince años, que se dice pronto. Un poco más atrás, donde alcé la mano para llamarle, conocí también el alcohol, gracias a los orgasmos de monja y a los mataosos. Y los porros, que nunca fueron de mi agrado. Pero siga avanzando, se abre el semáforo.

En Alonso Martínez, en esa misma acera a la que usted se pega empecinado, sufrí la amistad. Justo ahí me di cuenta de que nada es para siempre, en esa parada de autobús.

Llegamos a Juan Bravo, con su bulevar arbolado. En ese bar compré por primera vez una cajetilla de tabaco. Me costó 195 pesetas. Y en ese banco junto al que a usted le obligan a ceder el paso yo lo cedí todo. Todo. En esa época salía de casa con una moneda de 500 pesetas y una baraja. No pregunte.

Ahora llegamos a la confluencia con Príncipe de Vergara y desde aquí se ve el número 60. Ahí viví yo. En el restaurante de al lado, La Mesta, celebré mi ingreso en la facultad. Pedí algo con patatas paja, qué hallazgo. Tengo una memoria prodigiosa para la comida pero no recuerdo nunca las palabras. En la farmacia contigua compré mi primer fármaco sin permiso materno. Ya sabe, la típica madre contraria a los medicamentos… En ese portal esperé, me hice esperar. Ahí llegué derrotada, abatida, triunfal, pero siempre inocente. Como usted ahora mismo. Si usted supiera.

¿Ve el Crisol? Ha cerrado. Ahí me firmó un autógrafo el mismo Sting. Tuve que comprarme su libro y guardar horas de cola yo sola. Tenía doce años. Era de algo de la Amazonía, salía un tío con un plato en el labio y mi madre y yo todavía tenemos la coña… enfrente está el Far West, también de obras. Como mi cuerpo. Como mis piernas.

En este bulevar aprendí a montar en bici, se me salió la rodilla, llevé tacones, se me apareció un exhibicionista. Me dan ganas de besar cada adoquín, cada farola, cada árbol. Y deseo con todo mi ser que desaparezca.

Empieza Francisco Silvela. Si usted supiera, señor taxista, que cada mañana yo hacía este camino para ir al colegio. Cogía el 56. Ahora tiene otra ruta. Eran otros tiempos. No había tanta gente. Llevaba dos mochilas en días impares.

Entramos en Béjar. El número 26. Si usted supiera, señor taxista, que aquí he sido más feliz que nunca en mi vida. Si usted supiera que este invierno entero lo he visto sólo por la ventana. Como si no hubiera pasado.

€8,70. Quédese el cambio.

7 Responses to “Querido señor taxista.”

  1. Kun said

    €6,15 Sospechando que nunca he pertenecido a esta distancia. Y que los meseteros no somos capitalinas. Con bella envidia.

  2. skippingintro said

    Qué bonito resumen de tu vida y de tu vuelta a casa, jo.

  3. ace76 said

    Me ha gustado mucho. Escribe más a menudo, por favor.

  4. bpg said

    Qué bonito post..

  5. Thalia said

    Genial.

  6. Rafa said

    No te miento si te digo que es quizás el post más bonito que he leído en años. Me lo voy a guardar, a atesorar.

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